• Mié. Sep 16th, 2026

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Manchester United need to learn how to kill the hopeWhat a difference eight minutes makes.

¿Qué diferencia pueden ocho minutos? En el minuto 88 estalló el caos en el rincón noreste del Hill Dickinson Stadium mientras los seguidores y jugadores visitantes del Manchester United festejaban lo que habría sido el gol de último minuto de Benjamin Sesko.

Al sonar el pitido final, los jugadores volvieron para agradecer a una zona visitante casi vacía mientras los aficionados del Everton celebraban el empate de Ainsley Maitland‑Niles en el minuto 96. “Amargamente decepcionado”, describió Michael Carrick el ambiente.

Dos liderazgos y dos puntos que se escaparon. No fue una actuación perfecta, pero sí un partido que podían y debían haber ganado. En una semana complicada para el Everton, perdieron la ocasión de demostrar su instinto asesino.

Los dos empates del Everton nacieron de remates individuales excelentes – Tyrique George al minuto 83 anuló el gol inicial de Bryan Mbeumo, y el sustituto y nuevo fichaje Maitland‑Niles disparó con potencia desde el borde del área. Esas oportunidades jamás debieron concedérselas los rojos por su gestión del juego.

En mi opinión, David Moyes describió con acierto lo que también le ocurre al United: “Recuperamos el 1‑1 y sentí que, si alguien iba a imponerse, éramos nosotros. Nunca controlamos el balón después, lo que les permitió remontar a 2‑1”.

Bruno Fernandes shows his frustration after the late equaliser (Carl Recine/Getty Images)

Ese gol al minuto 88 debería haber sido definitivo. En cambio, United perdió la posesión, no despejó bien y dejó una sensación de incertidumbre que elevó el ruido en el estadio. Cuando anunciaron los cinco minutos extra, el aliento de los rojillos fue tibio; justo antes del disparo de Maitland‑Niles, el volumen volvió a subir, con el Everton olfateando sangre.

Los remates de George y el gol que superó a Senne Lammens en el primer poste fueron acabados excelentes, pero ya se percibían señales de una posible remontada. Lammens realizó tres atajadas en la segunda mitad, entre ellas una de Kiernan Dewsbury‑Hall que podría haber sido gol con un toque más limpio. United nunca se mostró totalmente cómodo defendiendo balones parados, un punto recurrente esta temporada.

Su récord defensivo, con dos goles recibidos en cada uno de los tres primeros partidos, preocupa. Falta también la urgencia en ataque. Tras una primera mitad sin brillo, parecían haber encontrado impulso en la segunda: el potente disparo de Mbeumo desde la banda derecha llegó un minuto después del reinicio y debía ser la base para dominar.

No lograron reproducir ese corte incisivo.

A mitad de la segunda mitad, con el Everton a un gol, la frustración de la afición local era palpable; a veces no presionaban con agresividad ni avanzaban rápido, y United también necesitaba mayor ímpetu. Tras una atajada de Lammens a un centro de Dewsbury‑Hall, los rojos se tomaron su tiempo para reorganizarse, dejando espacio para un contra que el Everton podría haber aprovechado. Un doblete habría cambiado la atmósfera y asegurado el resultado.

“Man United, cuando estaba 2‑1, pudo haber añadido un tercero para hacer 3‑1 porque tuvieron ocasiones de contraataque”, afirmó Moyes tras el partido. “En ese momento estábamos más abiertos, buscando el empate”.

La gestión del juego no es solo defender al final. Debió iniciarse con un enfoque proactivo tras el 1‑0 inicial: desgastar al Everton y mantenerlos bajo presión. Entre los dos goles de United no hubo disparo a puerta, solo una ocasión dentro del área, mientras los rojillos acumularon nueve tiros entre el gol de Mbeumo y el de George.

Contra Hull City en la apertura, la falta de United para poner a sus rivales en una postura defensiva y mantenerla favoreció el caos que culminó en la derrota 2‑0. Necesitan silenciar a las multitudes y eliminar la esperanza, tanto con calma defensiva como con crueldad ofensiva.

Manchester United have struggled to quieten crowds this season (Michael Regan/Getty Images)

El regreso a plena forma de Sesko debería aportar eso último; tuvo solo seis toques tras entrar en el minuto 70, pero dos fueron disparos, y su gol, en el que también participó en la construcción, muestra su valor. La retirada de Marcus Rashford al mismo tiempo (Carrick explicó que el delantero sintió molestias) tampoco ayudó al impulso ofensivo.

“No hemos empezado la temporada tan mal, para ser sincero”, dijo Carrick al preguntar si era simplista esperar el mismo nivel que la campaña pasada. “Estuvimos a punto de llevarnos tres puntos. Son pequeños momentos que podemos mejorar, pero estaremos bien”.

Carrick tiene razón: esos momentos costaron dos puntos al United contra el Everton. Si quieren retomar la forma de la temporada pasada, deben aprender a cerrar partidos como este. ¿Logrará el equipo traducir esa lección en victorias en los próximos encuentros?