Un río que alberga unas 500 cocodrilos de agua salada obtuvo luz verde para los eventos olímpicos y paralímpicos de remo y canotaje en Brisbane 2032.
El trazado en el Fitzroy, en Rockhampton, Queensland, superó una evaluación técnica independiente que confirmó su idoneidad.
El estudio no consideró a los reptiles, sino que analizó el desempeño del recorrido bajo distintas condiciones climáticas, niveles de agua y riesgos de inundación durante y antes de los Juegos.
El informe, encargado por la Autoridad Independiente de Infraestructura y Coordinación de los Juegos (GIICA), señaló que la instalación de aguas tranquilas del Fitzroy ya sirve como centro de entrenamiento y competición, acogiendo campeonatos escolares, regatas locales y campamentos de la selección nacional.
Como recinto reconocido de remo, existen planes de contingencia para actuar cuando se avisten cocodrilos, y los organizadores ya han garantizado la seguridad de los remeros.
World Rowing y Paddle Worldwide, antes Federación Internacional de Canoas, respaldaron el circuito.
Jean‑Christophe Rolland, presidente de World Rowing, declaró que el análisis exhaustivo demuestra que el Fitzroy puede ofrecer condiciones justas de competición durante los Juegos, cumpliendo los requisitos olímpicos y paralímpicos.
Thomas Konietzko, presidente de Paddle Worldwide, afirmó que el trabajo técnico realizado eleva la confianza de atletas y organizadores en que el recorrido garantizará una competencia equitativa para el sprint de canoa. En mi opinión, este respaldo es esencial para la credibilidad del evento.
El presidente de Brisbane 2032, Andrew Liveris, minimizó el tema de los cocodrilos el año pasado.
‘Hay tiburones en el mar y seguimos surfeando… es un sí, no un no; cambiemos la mentalidad’, comentó entonces.
Al anunciar el visto bueno, Liveris señaló que la aprobación brinda mayor certeza para la siguiente fase de planificación y ejecución, manteniendo el foco en Rockhampton.
Los cocodrilos de agua salada, conocidos localmente como ‘Salties’, habitan aguas dulces y saladas y pueden superar los seis metros de longitud. ¿Podrá el Fitzroy seguir siendo seguro para atletas y visitantes en los próximos años?

