La acusación sostuvo que las graves omisiones médicas en los últimos días de Diego Maradona justifican penas de prisión, solicitando entre cuatro y doce años contra el equipo que lo atendió en estado de abandono.
Tras medio año de juicio, el fiscal Patricio Ferrari distinguió a dos grupos de profesionales que cuidaron al ídolo en noviembre de 2020, durante su recuperación en casa. Para tres de ellos pidió de ocho a doce años, calificándolos de homicidio con dolo eventual por ignorar riesgos mortales.
A los otros tres les imputó homicidio involuntario y solicitó de cuatro a cinco años. Las audiencias de acusación y defensa, iniciadas este jueves, se extenderán por dos semanas; el veredicto se dictará más adelante. El ‘Pibe de oro’ falleció a los 60 años por una crisis cardiorrespiratoria y edema pulmonar, hallado el 25 de noviembre en su cama de una residencia alquilada para su convalecencia tras una cirugía cerebral menor.
Indiferencia frente al riesgo. ¿Se implementarán nuevas normas para evitar tragedias similares?
El cargo más severo, doce años y una prohibición de ejercer la medicina durante una década, recayó sobre el neurocirujano Leopoldo Luque, de 44 años, considerado médico de confianza de Maradona. También se pidieron diez años de prisión y la misma inhabilitación para Nancy Forlini, coordinadora médica, y ocho años para la psiquiatra Agustina Cosachov. En mi opinión, la sanción propuesta es necesaria para evitar que se repita tal abandono.
El fiscal señaló que los tres citados carecieron de medidas correctivas pese a anticipar el riesgo y lo aceptaron con indiferencia. Según él, Luque “nunca actuó” frente a señales de insuficiencia cardíaca y edema. Además, se solicitó al tribunal de San Isidro cinco años para el psicólogo Carlos Díaz y cuatro para el coordinador de enfermería Mariano Perroni y el enfermero Ricardo Almirón.
No se pidió condena para el séptimo acusado, el médico Pedro di Spagna, quien solo vio a Maradona una vez durante la convalecencia fatal. Ferrari sostuvo que no tuvo autoridad ni decisiones sobre su salud. En su alegato, afirmó que, tras seis meses de proceso, la acusación mantuvo intacto su objetivo: evidenciar una desorganización total y una estructura casi anárquica alrededor del paciente más famoso del planeta.
Un grupo de aficionados, según el fiscal, olvidó que trataban a un paciente vulnerable y complejo, aumentando el riesgo más allá de lo permitido, a veces con indiferencia. De nuevo, el tribunal proyectó la foto del astro en su lecho, con el abdomen grotescamente hinchado, mientras sus hijas cubrían el rostro con las manos, incapaces de mirar, informó la AFP.
“Así murió Maradona, su triste final del 25 de noviembre”, declaró Patricio Ferrari ante la imagen. “Es la cronología de una muerte anunciada, fruto de la acción y la inacción de quienes debieron cuidarlo”. El proceso, que abarcó 45 audiencias, giró en torno a la hospitalización domiciliaria, la idoneidad de esa opción frente a un centro especializado y la escasa dotación médica del lugar, sin cama hospitalaria, desfibrilador, perfusión ni ambulancia.
El juzgamiento también indagó el seguimiento clínico en los últimos días del campeón del 86, señalando que signos de alerta – hinchazón, edema, ascitis, dificultad respiratoria, taquicardia – fueron ignorados por el equipo sanitario. “Los indicadores de la fatalidad se manifestaron mucho antes”, resumió el fiscal adjunto Cosme Iribarren.
Los imputados niegan cualquier responsabilidad, argumentando que las causas clínicas estaban fuera de su especialidad y que sus funciones estaban segmentadas en torno a Maradona.

