Tras la llegada de Ed Policy al frente de los Packers, quedó claro que 2025 sería decisiva para LaFleur y Gutekunst.
Ambos tenían contratos hasta 2026, pero Policy rechazó cualquier acuerdo de último año, exigiendo extensión o salida tras 2025.
Los Packers alcanzaron los playoffs como séptimo sembrado de la NFC, pero perdieron 21‑3 al medio tiempo contra los Bears en la ronda de comodines.
Esa derrota bastó para que la directiva ofreciera nuevas cláusulas. En mi opinión, asegurarles temporadas extra complica cualquier despido, y si los acuerdos garantizan temporadas más allá de 2026, terminar su vínculo será difícil.
La prisa por extenderlos surgió del temor de que un entrenador en transición desmotive al plantel, una idea que Policy heredó de su padre, Carmen, quien la aplicó en los 49ers y los Browns.
Hoy, la realidad es distinta: la NFL funciona año a año, sin certezas de continuidad, y lo único que importa es el desempeño de esta temporada.
Con las extensiones, LaFleur y Gutekunst gozan de una seguridad que antes no tenían, aliviando la presión de resultados, aunque la compra de sus contratos supone un reto financiero para una franquicia pública.
No obstante, si fueran despedidos, recibirían indemnizaciones, y los Packers tendrían que cubrir esos costos y los de sus sustitutos.
Mirando atrás, lo más sensato habría sido pausar las extensiones; una lección para Policy y para otros dueños indecisos sobre prolongar contratos en el último año.
Cuando la duda acecha, ¿debería la organización esperar antes de firmar nuevos acuerdos?

