El jugador vigila el juego, se adelanta y se activa sin necesidad de estar bajo los palos. No teme alejarse hasta cuarenta metros para cortar los ataques del Villa y, de paso, remata un balón de Mazambi.
Con seguridad se incorpora a las coberturas, sin complicarse. Siempre atento a Lamine, se apoya en Rodri, Pedri y Cubarsí cuando controla el juego.
Muestra personalidad con el balón, imponiéndose en los duelos y ganando la mayoría. Sólo falló un bloqueo contra Jackson, que lo pisó antes del descanso, y un cara a cara con Mazambi, remediado por Joan García.
Regresa al once titular con solvencia, bien posicionado, fuerte y sin perder la compostura en un ritmo frenético y sin pausas.
En la salida de balón perdió un par de posesiones, pero luego generó varias en ataque. Dos de sus centros terminaron en la reaparecida Grada d’Animació.
Resulta un comodín eficaz cuando el Barça posee el balón, ofreciendo soluciones a sus compañeros. Aparece con clase, incluso al robar, siempre limpio, y deleita con una ruleta sin adornos.
Emery intentó controlarlo de cerca, pero el canario halló espacios para ayudar al equipo. En las transiciones, intentó aportar calma con su toque.
Se llevó la mayoría de los contactos en la primera mitad, incluso tuvo que retirarse con sangre en la nariz. Trabajó la presión, aunque le faltó la chispa habitual frente a la portería.
Aprovechó el error del Aston Villa tras una gran presión azulgrana. Recibió el balón dentro del área, recortó y marcó. Un gol crucial que tranquilizó al Barça en un encuentro duro.
Marca la presión y contagia a sus compañeros, ejemplar en el desgaste defensivo y el juego sin balón. Con él, lanzó una falta perfecta para Lamine, pero falló un control que lo dejó solo ante el portero.
Con el segundo gol, tras otra presión del Barça y un regalo de Suzuki, su disparo dentro del área resultó demasiado suave. ¿Podrá mejorar su puntería en la segunda mitad?

